La fuerza creativa y expansiva del sexo se triplica cuando la unimos con el intenso pulso del corazón y nos eleva a un cambio profundo de conciencia.
Nuestro cuerpo físico es un poderoso vehículo para alcanzar la divinidad. Retornar al camino del amor, del placer, la intimidad, el gozo, del sexo y orgasmo más allá de las fronteras de lo conocido, nos devuelve el poder de ser creadores de nuestra realidad.
Nos reunifica, uniendo todas nuestras partes rotas, y aliviando el dolor de heridas de culpa, pecado, vergüenza y desmerecimiento con que solemos relacionar el sexo y nos devuelve el derecho al placer y amor, como derechos de nacimiento.
El sexo es mucho más que lo que nos enseñaron o hemos podido conocer. Y el orgasmo tiene un alcance mucho más profundo que lo que nos podemos imaginar.
Reconocer nuestro cuerpo, el sexo, la penetración, la vinculación y el placer como vehículos y no como fin nos abre una puerta a un mundo infinito e inexplorado donde habita nuestro verdadero SER.
El placer, el gozo, la dicha y el éxtasis son el camino de retorno a nuestro origen espiritual.

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